01 julio 2010

HUEJUTLA ES DE REYES

Las melodías del pueblo resuenan en la plaza 21 de mayo, los músicos invitados tararean al son de la emoción la sinfonía de la espera, mientras la armonía del ambiente recrea su singular partitura. Una partitura que en este mes se vió entremezclada por compases diversos, componiendo géneros que enriquecen ésta tierra de bochorno cálido.

Huejutla, -o mejor debo decir: la Ciudad de Huejutla- está pasando sin duda, por un proceso de renovación cultural que tiene su expresión en numerosas manifestaciones artísticas que se producen en el centro de la ciudad como un espacio dedicado a la cultura y el espectáculo, –seguramente en los siguientes años la ciudad se vea en la necesidad de crear nuevos espacios- y una de ésas expresiones es evidentemente la música.

Jaime Flores es un ejemplo que abre fronteras, matices y formas musicales, un “orgullo” homenajeado, que expande la historia de Huejutla y que ahora es parte de un cambio social-cultural. Y me refiero a ese cambio, por que detrás de el se empiezan a notar talentos en composición, músicos y cantantes que al igual que él, son enérgicos individuos aspirando lo que no es imposible. Su sencillez y carisma hacia el público es digno de un Huejutlense que ama a su tierra y que no olvida sus raíces, que compone huapangos al igual que baladas y que pisa el extranjero al igual que la cuna que lo vio nacer.

“Huejutla es de Reyes”, como apuntaba acertadamente Francisco Neumann. Y éste mismo mes el Trío Los Crespo realizó un esperado homenaje a el Rey del Huapango: Nicandro Castillo, con el disco Viviendo del Recuerdo, Memoria musical de Nicandro Castillo. La música grabada ahí atrae al escucha y transporta a instantes donde el tiempo no existe, con voces armonizadas que tratan con pasión y respeto que se merece, el legado musical y letrístico de Nicandro, que ha cruzado el umbral de la muerte y se perpetua con genio a las nuevas generaciones. Suena a ellos mismos, a los Crespo, a sus influencias y a la voz de esta tierra, del viento, del amor, de la naturaleza. Las guitarras acompañan sus letras, las reafirman, dando como resultado un paisaje musical maravilloso.

No puedo dejar a un lado la importancia que tiene combinar el arte escrito con la música. Sabiamente se concertó con la presentación de los libros Mi pasión por la Huasteca de Refugio Miranda y El Estandarte Blanco de Francisco, en éste último, Fausto Crespo musicalizó los versos de lo que el dijo llamar “Horizontes” –aclaro que esa obra no tiene nombre- dando como resultado un fino manejo de los acordes con su guitarra, siempre en función con los versos, de tal forma que se logró un equilibrio excepcional entre la música y el profundo verso de Neumann.

En México tenemos una falsa idea de lo que es cultura: la confundimos con espectáculo, y no es lo mismo. Insisto, que la historia de Huejutla registre entre sus paginas estos grandes eventos donde el espectáculo y la cultura lograron un magnífico equilibrio. Hombres como Nicandro Castillo, Los Crespo o Jaime Flores no nacen cualquier día, y éste mes se llenó de noches agradables bañadas de música viva, alejando el húmedo bochorno, iluminadas por la luna, vistas desde arriba quizá por un alma grande que tiene el privilegio de vivir después de muerte: Nicandro Castillo.




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